29 de marzo de 2002. Un supermercado de Jerusalén. En el mismo se encuentran los cadáveres de dos chicas de 17 años. Momentos antes, Ayat al-Akhras, palestina, entró con un bolso lleno de explosivos que causaron su muerte y la de la joven israelí Rachel Levy.
To die in Jerusalem (Morir en Jerusalén) presenta esta historia desde el punto de vista de ambas familias, queriendo reflejar el conflicto palestino-israelí con una visión personal, cercana, distinta de la habitual de los medios de comunicación.
La directora Hilla Medalia (Tel Aviv, 1977), debuta con esta cinta, buscando el modo de mostrar a sus compañeros de EE.UU. -donde realizó sus estudios- cómo de cruento es el conflicto de esta región.
To die in Jerusalem (Morir en Jerusalén) presenta esta historia desde el punto de vista de ambas familias, queriendo reflejar el conflicto palestino-israelí con una visión personal, cercana, distinta de la habitual de los medios de comunicación.
La directora Hilla Medalia (Tel Aviv, 1977), debuta con esta cinta, buscando el modo de mostrar a sus compañeros de EE.UU. -donde realizó sus estudios- cómo de cruento es el conflicto de esta región.

En el documental investiga qué es lo que pudo mover a la joven palestina a emprender tal acción. Habla con las familias, tarea que no fue fácil, ya que, cuenta Medalia, emplearon mucho tiempo para que las mismas se sintieran seguras y confiaran en el equipo técnico. Por ello, y por cuestiones de seguridad sobre todo, se vieron obligados a utilizar en cada zona un equipo de la misma (palestino o judío).
La propia Hilla Medalia lo pasó mal. Aún sin el permiso israelí necesario para atravesar legalmente la franja, se vio obligada a rodar lo necesario en la zona palestina y admitió la dura realidad de los campos de refugiados, donde nunca antes había estado. Ocultó tal visita a sus familiares, que se llevaron un buen susto cuando se enteraron de la misma.
Morir en Jerusalén es una fiel muestra de una de las caras del conflicto. La madre de la chica judía, Abigail, busca desesperadamente a la de Ayat. Quiere hablar con ella para saber por qué Ayat lo hizo. En el fondo, Abigail quiere una disculpa, pero la madre de Ayat no se atreve a decir que su hija murió para nada. Sus arraigadas creencias religiosas se lo impiden. Necesita darle sentido a esa muerte de alguna manera.
A pesar de los intentos, las madres nunca llegan a encontrarse en persona. La comunicación cara a cara entre las mismas se produce finalmente vía satélite. Son dos realidades que nunca llegan a cruzarse.
A pesar de lo imposible de la objetividad en un tema como éste -más aún cuando la misma Medalia lo reconoce por el hecho de ser israelí-, se intenta reflejar en todo momento la verdad de las dos madres, y es que es un filme que ya han visto israelíes y palestinos de todo el mundo.El dinero de la producción proviene fundamentalmente de evangelistas y cristianos norteamericanos. Más tarde se subieron al carro el Gobierno israelí y la HBO (cadena televisiva) y esta última fue la única que puso alguna pega, temiendo la reacción del público judío en EE.UU.
Después de haber visto con sus propios ojos los campos de refugiados y la situación palestina, la directora israelí afirma que ahora entiende mucho mejor el problema, aclarando que los ataques suicidas no son la salida a la situación y que el error es que se actúe así creyendo poder solucionar el conflicto.
La proyección y la posterior mesa redonda estuvo organizada por la Casa Sefarad de Israel en Madrid, contando con la participación, entre otras, de María Jesús González, Vicepresidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo.
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